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TODAVÍA ME QUEDAN SEIS

Esto que cuento no es vacilada. Aconteció una noche embrujada cuando invadía la editorial. Es una historia terrible y real.   Yo que buscaba comida y hogar, en su lugar conocí el tormento. Un ser humano lanzó un lamento cuando la muerte lo pudo alcanzar.   ¡Tras! ¡Zaz! Meneó su guadaña. Todas las almas me vieron llorar. ¡Pum! ¡Pas! Formó una maraña y con su magia las hizo volar.   Yo no me pude integrar al evento. Sólo una vida me pudo quitar. Por eso vengo y recito este cuento o mejor dicho lo vengo a maullar.

EL COLOR DEL ADIÓS

Ella tenía una vela para cada muerto y la encomienda sagrada de preservar un ritual. En la sala incandescente no se podía entrar a menos que supieras a quién le ibas a rezar. Los nietos, Eleazar y Marcelino, tenían prohibida la entrada. De unas semanas para acá les había entrado una absurda necedad por invadir el cuarto. Nicolasa, conocedora de las consecuencias, frustró cada uno de sus intentos. ¾ ¿Qué no entienden que no pueden jugar aquí? ¡Niños! Pero cuando a un niño le dices que no su mente materializa un sí . Era cuestión de tiempo para que la sala fuera profanada. La oportunidad dorada llegó cuando un hombre escaló un poste de luz y decidió acostarse encima de los cables. Muchos dicen que se inmoló como un acto de protesta, pero nadie prestó atención a sus consignas. El suicidio de aquel hombre bastó para dejar a la calle sin luz durante una semana. Un oleaje naranja se cristalizó en las pupilas de Marcelino cuando la flama se expandió por toda la mecha. ¾ ¡Ándale! No...

SU PRIMERA CHAMBA

Llegué pícaro y con calma Al edificio de Hachette El día que de la chamba De verdad me enamoré.  Cual fantasma atolondrado La puerta atravesé Nadie me dio el paso A nadie saludé.  Ni en el lobby me pelaron Ni una mano estreché Totalmente abandonado Me serví un triste café.  Pero cuál fue mi sorpresa Que hasta el vaso yo tiré Cuando una calaca tiesa De frente me topé.  “Es la hora de tu muerte” Me dijo y me oriné “De veras vengo fuerte Porque a todos me cargué”.  “No me mates, calaquita” Nomás me arrodillé Afiló la guadañita Me la clavó justo en el pie.  Pero ni en muerto ni en calaca Yo me transformé Ella que se aplaca Y yo me pavoneé.  “Es mi primera chamba” Me dijo y la abracé Si la muerte se acalambra Yo edito a mi placer.

LA CANCIÓN MALDITA

Todos me decían que no escuchara esa canción, que estaba maldita. “Habla del Diablo”, decía mi mamá; “tiene mensajes subliminales”, decía mi papá. Pero yo no le temo a nada, o bueno, no le temía a nada… Hasta ese día. Esa noche Daniela fue a una pijamada en mi antigua casa. —    Traigo el casete con la canción maldita —me dijo. —    ¡Shhh! Te van a escuchar mis papás. Después de cenar fuimos a mi cuarto y vimos la tele hasta que mis papás se durmieron. —    ¿’Tonces? —    ¿’Tonces qué? —    Saca tus walkman. —    Ya te dije que no, mensa. —    ¡Ash! No seas coyona. Terminamos un collage de NSYNC con recortes de la revista Tú. Recuerdo que estaba sonando Te aviso, te anuncio en la grabadora. Tenía ese disco en original. Casi al final de la revista encontramos un reportaje que llamó nuestra atención. “¡No escuches la canción maldita!”, decía el encabezado; “si la escuchas al revés serás víctima de l...