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Mostrando entradas de noviembre, 2025

TODAVÍA ME QUEDAN SEIS

Esto que cuento no es vacilada. Aconteció una noche embrujada cuando invadía la editorial. Es una historia terrible y real.   Yo que buscaba comida y hogar, en su lugar conocí el tormento. Un ser humano lanzó un lamento cuando la muerte lo pudo alcanzar.   ¡Tras! ¡Zaz! Meneó su guadaña. Todas las almas me vieron llorar. ¡Pum! ¡Pas! Formó una maraña y con su magia las hizo volar.   Yo no me pude integrar al evento. Sólo una vida me pudo quitar. Por eso vengo y recito este cuento o mejor dicho lo vengo a maullar.

EL COLOR DEL ADIÓS

Ella tenía una vela para cada muerto y la encomienda sagrada de preservar un ritual. En la sala incandescente no se podía entrar a menos que supieras a quién le ibas a rezar. Los nietos, Eleazar y Marcelino, tenían prohibida la entrada. De unas semanas para acá les había entrado una absurda necedad por invadir el cuarto. Nicolasa, conocedora de las consecuencias, frustró cada uno de sus intentos. ¾ ¿Qué no entienden que no pueden jugar aquí? ¡Niños! Pero cuando a un niño le dices que no su mente materializa un sí . Era cuestión de tiempo para que la sala fuera profanada. La oportunidad dorada llegó cuando un hombre escaló un poste de luz y decidió acostarse encima de los cables. Muchos dicen que se inmoló como un acto de protesta, pero nadie prestó atención a sus consignas. El suicidio de aquel hombre bastó para dejar a la calle sin luz durante una semana. Un oleaje naranja se cristalizó en las pupilas de Marcelino cuando la flama se expandió por toda la mecha. ¾ ¡Ándale! No...